Después de casi dos años de hacerlo por mi mismo, esta vez decidí que ya no más me contaré el cabello, yo, a mi mismo. No más, al menos no esta vez.
Había olvidado cómo es esto de ir a la "estética" o "salón de belleza".
Una vez por la noche, una mujer me dijo "estoy muy bien porque vengo del salón". Yo la vi tan ordinaria que le dije: ¿de clases?. Todita se desencajó y me dijo -Después entendí que alguien como ella no podía venir feliz del salón de clases y que un profesor tantito respetable, menos podría estar feliz de que ella viniera de su salón de clases. Interrumpió mi elocubración interna y me dijo muy sacalepuntamente- "del salón de belleza". Dije ah, ja,ja,ja, nadie que va al salón de belleza puede estar bien, de hecho, todo lo contrario.
Y me dijo, eso es lo que tú crees, porque no sabes lo mal que quedas cada que tú, te cortas el cabello.
En fin, ante tal agresión decidí que era buena idea seguir conrtando mi cabello by my self. Empero, esta vez decidí lo contrario y fui.
A lo mejor es que no estoy del todo bien y subliminal el mensaje auto, fui a ver si una recortadita de cabello podía también ser una reajuste emocional.
Carmen, la estilista te deja muy cuco por la cantidad de 12o pesos m/n. Llegué, Carmen lavaba el cabello de una mujer de abundante melena. Me vió, llegué puntual a la cita. Fui por un cigarro y lo fumé afuera, en la banca sobre la rue de Miguel Laurent. No sé quién es él, pero la calle a la que pusieron su nombre, es grande.
Además de la del pelo, había otra. Una que entre los dedos de sus pies, unos pies horribles, tenía unas bolas de algodón manchados con una cosa roja.
La septuagenaria mujer era de cabello rubio-falso y tenía una temblorina en la mano izquierda con la que sostenía un monedero negro. Una mujer clasemediera tirándole a que le debe plata a un sinfin de aboneros. Su monedero viejo y roto de la parte de abajo. Un depositario de monedas y supongo que de esperanzas y de desiluciones para la anciana que después partió. Poco antes, sacó de su depositario de fé unas monedas que consideró adecuadas para entregar una propina a Carmen. Asimismo, dos billtes de 100. Entonces, me volví a cuestionar sobre la utilidad del "salón" o esa, esa pobre como decía mi abuela Carmelita Betancourt, -una mujer de la más alta sociedad que no se andaba por las ramas e iba a cortarse el cabello con Chuy uuufff --"ya ni remedio"--, pero las viejas y supongo que las viejas más viejas, son necias muy y obstinadas como ellas solas.
Yá depsués, a mi "me lavó". Con sus morenas manos carmen frotóme la cabeza y hizo presión sobre mis sienes. El salón no es muy elegante, pero la gente que lo visita tampoco, así que nadie estaba ni de más ni de menos. Digamos que el de Carmen, es un salón poco pretencioso, hasta honesto diría yo y bueno, Carmen goza de muy buenas credenciales. A mi hermana siempre la peina y ella siempre dice "me veía yo muy bien".
Me cortó el cabello con una máquina, con peine, con tijeras, me preguntó que cómo lo quería de atrás. Respondí a sus agudos inquirimientos con notable destreza, pese a que ya había perdido algo de experiencia en esto del "salón".
Le confesé que antes me lo cortaba yo, a lo que respondió "se nota porque tienes unos hoyotes", creo que me albureó.
Después me dijo "quedó muy bien", así me dijo deveritas, creo que fue otro albur.
Estoy a unos cinco minutos de mi oficina, voy en camión, voy a pasar por un chocolate frío del Jarocho. A ver si ligo algo con mi nuevo look -ja, ja, ja-, ¿no?
"Es el reporte"
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